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viernes, 6 de abril de 2018

Noches de cuchillos en Irak



El ciclón de fuego se desata,
las noches son de siglos.

Thor y los Titanes
pisan odaliscas

¿Dónde los históricos paisajes?
¿Dónde mis sueños de Bagdad?
¿Dónde los corceles negros
de príncipes gallardos?
¿Dónde Ur, la cuna del profeta Abraham?

Ahora sólo escombros.
Las viscosas furias rasgan sueños
y cavan las tumbas de los niños.

Las gorgonas se adueñan
de las calles.
Las flores se marchitan,
Las noches de cuchillos
caen sobre Bagdad.

Y aún dice el sionista:
Jehová, mi Dios, nos heredó
del Eufrates al Nilo.

Cuánto daño.
Cuánta miseria.
Cuánta crueldad en la locura
y la ignorancia.
Cuánta perversión enajenada.

Se cierne la noche
y los jardines colgantes
se hacen pira.

La mitología rige al mundo
con su sabia quimera
vuelta realidad absurda.

Lloro al ver el nene
para siempre inmóvil
en brazos de su madre muerta.

Cierro los ojos
ante el joven mutilado
en el horno oscuro de la sima.

Percibo el llanto de las madres
buscando a tientas,
desgarrando el cielo con su grito.

¿Dónde el código
de Hamurabi?
¿Dónde Babilonia
de ensueños, de palmeras?
¿Dónde el país de Scherezada
descubridora de minas de diamantes?
¿Dónde el árabe bizarro
galopando en los desiertos
con su varonil figura
y su rostro de gentil conquista?

Los sordos invasores arrasaron
con inteligentes bombas,
tan inteligentes como ellos.

El gringo y el sionista
llegan de la mano
con sofismas negros
y falacias de papel raído.

No más Coca Cola
en los hogares.
No más cultura chatarra
que envenena.
No más efectos especiales
en el cine.

La verdadera identidad humana
se hace trizas.

No más Bush fanfarroneando
con su cara de reptil primario.
No más la coalición
de orcos genocidas.

=========&=========

Los dragones enjoyados
cercan a camellos.
Los dragones tiene bombas racimos
que lanzan desde lejos.
Los masacran, buscan destruir su hogar.

Los dragones son cobardes,
tienen miedo de camellos.
Al mundo dicen:
El fuego del camello es peligroso
Habrá que destruir camellos
por su fuego.

Los dragones mandan a sicarios
a matarlos y a cortar pezuñas
antes de enfrentase cuerpo a cuerpo.

Los dragones lanzan lumbre
insistiendo que la lumbre
del camello
al mundo amaga.

Los camellos son valientes,
logran resistir hasta la muerte.

Los dragones enjoyados
no mencionan
que la perla negra
es su objetivo.
Hay que exterminar camellos
y robar su perla.

De Hebrón, Leviatán,
enorme hijito de dragones,
anticipa la victoria:
¡Casi está listo mi regalo!

Scherezada tiembla en su palacio.
Le cortaron las uñas,
el dragón llega a violarla.
El dragón no quiere ni un rasguño.

El dragón se enorgullece
de su “fuerza”.


========&========

Desiertos congelados.
Milenarias sombras.
Muñones pétreos, purulentos.

Una calma helada
en los corazones
late.
Humo en remolino
entre los brazos.

Levántate pueblo
si aún respiras.
Monta el lomo de la luna.
Que de nuevo vibre
tu inquietante fuerza.



Diciembre 2004


Sangre vencida




Miro pasar los hombres,
ídolos de agua.

En sus acuáticos músculos
te reflejas.
Sus miradas de fuego:
tus cenizas.

Palpo tu torso etéreo
epidérmica imagen,
rostro de arena derrumbado.

Ya no más confundirte
con las olas,
con el hiriente coral
de mano salada,
con la muralla en ruinas
que de ti me aísla.
Sazón en su punto
consumido.
Sangre vencida,
piedra sonora.

Sabes dónde,
entre licores y orquídeas,
mi invierno arde.

Sé donde encontrar
la eléctrica paz
de tus ojos
como gemas.

Pero me quedo quieta,
con esta quietud
que te desea.


Del poemario "Ceniza erguida" 1995

miércoles, 23 de agosto de 2017

Domador de soles




Ven a compartir conmigo
Ven desde el origen turbulento del océano,
desde el arcano tibio que brilla
entre la noche.
Ven con toda tu inocencia deshojada,
con tu paso suelto de viajero
enfebrecido.
Sólo hay que escanciar el vino
de florida espuma
entre ménades, sátiros, silenos; entre ninfas y Pegaso
en las hamacas de Dionisos
trovador de leyendas embriagantes.
Ven, amigo, con tus ojos
donde un reflejo ancestral de transparencia
sella tus pupilas
y los cantos del silencio se desgajan.
Tu voz profunda
la noche ciega
de velos perfumados,
sueño musical que se aquieta
poco a poco.
Dime ¿dónde comienza tu cuerpo
y termina el mío?

Estrellas de vibrante cabellera,
rosa en su perfume
evaporada.

Ven, domador de soles,
no entiendo aún de entregas errabundas,
de besos sin grilletes
que llevan cataclismos
de constelación eterna
y arrebatan nuestro ser de toda vestidura.

¿Dónde la humedad dorada nos envuelve?
Y no puedo ya reconocerme en tu mirada.
Algo mío se quedó en tus manos
y mi pecho, acezante, pide un febril renacimiento.




Polvo de sol


Quisiera explicar
el pétalo envolvente y dúctil de tu cuerpo,
la tibieza dura que sella
tu epidermis,
el sol que se levanta
de tu piel dormida,
la dulzura fértil que nace de tus labios.
Pero no puedo explicar tanta magia,
tanta fuerza de lluvia
sobre las hojas tiernas,
tanto polvo de sol
acumulado en tu sonrisa.

Por eso vengo, mariposa perdida
entre tus brazos,
como alguien que perdió sus lunas hace tiempo
y encuentra los reflejos del cosmos
en el roce de tu piel de ámbar.
Por eso vengo
náufraga de mis propios mares,
amarrada a las cadenas de humo
en ti desvanecidas.
Por eso se ablandó el diluvio de mi almohada
y las flores ríen con todo su clamor
de frescura silenciosa.
Por eso las puertas de la sombra
se cerraron para siempre.

Y soy de ti
en este refugio de coagulada luz
donde la ola encendida de tus manos
conoce los secretos
de mi piel de brisa.

Y puedo decir ahora
que todas las noches
en esta noche se apiñaron.

Se desborda la rosa
de nocturnos parpadeos
y la luna sangra
con placer violeta.



Aromas de tibieza


Quiero sentir
que estoy en mí
que aún dispongo
de mi aliento,
que mis pies no se adelantan
a mis pasos
y confunden los caminos.

Mi eje vacila
y es como buscar en el aire
peces.

Debo romper este albedrío
imaginario, hacerlo verdadero.
Entre aromas de tibieza
adherirme a la sustancia
de encendidos
corazones.

Hacer las paces
con mi ego y entregarme
al caudal
de la simiente.

Como pájaro ser
plumaje de viento,
canto celeste, libertad en llamas.

A los elementos restituida,
disuelta como polen
en el agua
hasta la esencia palpitante
arribo.

(De mis primeros poemas)


Bostezo de espesuras


Nada queda, sólo páramo.
Sólo este cuerpo
como roca transparente,
estas manos inútiles
que antes de alcanzar el fruto
se derriten.
Sólo este latido
de febriles ecos.

La noche es larga,
da un bostezo de espesuras.
Clorofila negra cala
árboles
que flotan
en pedestres nubes.

Vaho, cíclopes de piedra.
Vuelan esqueletos de aire.
Transfiguración del horizonte.
Rotación confusa e invertida.

(De mis primeros poemas)




sábado, 22 de abril de 2017

Ángel prostituido



Como licor
de cálidas
efervescencias
me llenaste:
cántaro vacío,
canción de amor sin melodía.

Llegaste a mí
con paso de ala.
Sombra de luz
que me penetra.
Fuego morado
inextinguible.

¿Y dónde estás ahora?
¿Bajo qué cielo, sobre qué piedra,
entre qué brazos
el eco de tu voz
llega susurrante con el viento,
el efluvio perfumado de tu piel
enlaza firme mis sentidos?

Estás tan lejos
tan fatalmente lejos
que te confundo con las flores,
con el pájaro de vuelos encarnados,
con la mariposa
de huella tornasol
dormida entre las hojas.

Brisa torrencial,
canto de sirena en ruinas.

Tuya soy, inevitablemente,
tercamente tuya,
como la estrella en tu mirada,
como el fulgor que anida
entre la selva

Quiero sentir tus manos:
beso de tibio manantial.
Abrazo de ángel
prostituido
entre el que sueño
y me consumo.
Vivo en cada latido de aire
que respiras.

Desde mi centro me derramo, líquida,
hasta llenar tu copa.
La certeza del amor
me arrastra
a tu espejismo, al néctar fértil
de tus labios.


(De "Ceniza erguida"  de mis primeros poemas)


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