sábado, 22 de abril de 2017

Ángel prostituido



Como licor
de cálidas
efervescencias
me llenaste:
cántaro vacío,
canción de amor sin melodía.

Llegaste a mí
con paso de ala.
Sombra de luz
que me penetra.
Fuego morado
inextinguible.

¿Y dónde estás ahora?
¿Bajo qué cielo, sobre qué piedra,
entre qué brazos
el eco de tu voz
llega susurrante con el viento,
el efluvio perfumado de tu piel
enlaza firme mis sentidos?

Estás tan lejos
tan fatalmente lejos
que te confundo con las flores,
con el pájaro de vuelos encarnados,
con la mariposa
de huella tornasol
dormida entre las hojas.

Brisa torrencial,
canto de sirena en ruinas.

Tuya soy, inevitablemente,
tercamente tuya,
como la estrella en tu mirada,
como el fulgor que anida
entre la selva

Quiero sentir tus manos:
beso de tibio manantial.
Abrazo de ángel
prostituido
entre el que sueño
y me consumo.
Vivo en cada latido de aire
que respiras.

Desde mi centro me derramo, líquida,
hasta llenar tu copa.
La certeza del amor
me arrastra
a tu espejismo, al néctar fértil
de tus labios.


(De "Ceniza erguida"  de mis primeros poemas)


3 comentarios :

  1. Después de recorrer este sitio tan lindo, tu casa adornada con una estética en extremo acogedora, con detalles delicados, me he quedado absorto leyendo este poema, no una, sino tres veces. No se debe a que no lo he entendido de entrada, todo lo contrario, me quise dejar llevar por él en dos ocasiones más para deleite propio.
    ¡Es hermoso, Rocío! En especial me he detenido en el tercer párrafo, aspirando profundo, para deleitarme en la segunda frase, esa interrogación larga, para saborearla, como algunos fumadores lo hacen al detenerse en la bocanada de un habano, por placer.
    Recuerdo haber venido hasta aquí en otra ocasión sin dejar huella, pero hoy me atreví, no pude resistirme al impulso de dejarte este comentario ante tan hermosa poesía.
    Ariel

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